Te Mereces

Te mereces a alguien que te cuide.

Te mereces a alguien que te mire con locura.

Te mereces a alguien que te robe un suspiro cuando menos te lo esperas.

Te mereces a alguien que te piense tanto como tú lo piensas.

Te mereces a alguien que se arriesgue contigo.

Te mereces a alguien que camine contigo, que camine a tu lado.

Te mereces a alguien que te sorprenda.

Te mereces a alguien que te regale momentos.

Te mereces a alguien que te lleve a volar a alto.

Te mereces a alguien que te mire cuando no te das cuenta.

Te mereces a alguien que te eche porras todos los días.

Te mereces a alguien que viva tu locura.

Te mereces a alguien que te de mariposas en la panza.

Te mereces a alguien que baile contigo en medio de la sala.

Te mereces a alguien que no se asuste de tus fantasmas.

Te mereces a alguien que te ayude a superar tus miedos.

Te mereces a alguien que con un abrazo te haga sentir magia.

Te mereces a alguien que con un beso te diga todo y más.

Te mereces a alguien que te lleve a la locura.

Te mereces a alguien que te haga sonreír.

Te mereces a alguien que te quiera, con todo, sin miedo porque sabe que contigo vale la pena.

Definitivamente No Quiero Crecer

Crecer es una palabra muy complicada, a veces todavía me sigo preguntando qué significa.

Se supone que a mis veintitantos debería comportarme diferente a cuando era chiquita, justamente por eso, porque ya crecí. Pero, ¿en qué momento lo hice? Y no me refiero a la estatura, ni siquiera voy a tocar ese tema porque ahí no hay nada más que hacer. Mas bien me refiero al significado de crecer que hace referencia a tener más años y, tal vez, a ser un adulto.

Siendo honesta, no estoy segura de querer crecer o de seguir haciéndolo porque en cierta forma parece que las cosas se empiezan a poner más serias o menos divertidas por lo menos. No, definitivamente no quiero crecer.

A veces creo que no quiero hacerlo porque le temo a las responsabilidades, a enfrentar la realidad con otros ojos, a conocer y entender las cosas que pasan en el mundo. Y digo entender haciendo referencia al hecho de que estoy consciente de lo que está pasando, pero hay muchas cosas que realmente no entiendo y que no me explico.

El tiempo pasa, crecemos y empezamos a ver la vida de una manera más cuadrada. Hacemos cosas que tenemos que hacer y no porque queremos hacerlas. Otra vez, responsabilidades. Pero esas responsabilidades no tienen que ser aburridas, no tienen que pesarnos, no tienen que dejar de regalarnos pequeños pedacitos de felicidad. Y es que cuando las cosas dejan de ser divertidas pierden parte de su encanto. Cuando eso pasa, empezamos a vivir la vida en automático dando prioridad a lo que tiene que pasar y no a lo que queremos que pase. Olvidamos por completo esos momentos de felicidad, olvidamos esas cosas que nos hacen sonreír, olvidamos esas cosas que nos hacen reír a carcajadas, que nos divierten, que nos relajan, que nos dan magia.

Es por eso que a veces me gustaría regresar a esos días en los que no me enteraba de los problemas de los grandes. Días en los que la tarea de mate era mi única responsabilidad.
Días en los que sucedía magia debajo de mi almohada cuando se me caía un diente. Días en los que volar con ET era algo real para mi y no solo un juego. Días en los que todavía creía en la magia.

Y en el último año he ido acordándome la magia,  esa que aparece cuando te enfrentas con algo que te llena de emoción, con algo que te hace sentir cosquillas en la barriga, con algo que te hace abrir los ojos y decir “wow”. Esa misma magia me encontró hace poco en una luciérnaga que me sorprendió cuando iba caminando por la calle. Esa misma magia me encontró hace poco cuando fui al bosque y decidí “hacerme taquito” y deslizarme en el pasto por una bajadita. Esa misma magia que, si ponemos atención, podemos encontrarla más cerca de lo que pensamos.

No, definitivamente no quiero crecer y he decidido que no tengo que hacerlo porque puedo vivir como adulto siempre y cuando siga manteniendo viva a la niña que llevo dentro.

 

 

LOVE IS LOVE

Today I got asked one of the most annoying questions I ever get asked: Why don’t you wanna get married?

Maybe I have one reason that I’d like to share with you. Maybe I have a bunch of reasons that I don’t wanna tell. Either way, it’s a personal choice.

I think people ask this question because not wanting to get married is the exception to the rule or is not the normal thing to because when you’re with someone for a certain amount of time people expect you to put a ring on it, because “that’s the next step”. And I respect that. The thing that bugs me is the questioning of my decision and trying to get me out of it. When my sister and my friends got married it never ever crossed my mind to question their decision and their desire of wanting to get married. Never. It was their decision, and I was happy to celebrate it with them.

I can tell you this…

I believe true love exists with or without a wedding, and that’s what matters. Love is wearing a white dress. Love is not wearing one at all. Love is a diamond ring followed by a special proposal. Love is a commitment between two people without a ring. Love is saying “I do” in front of all your friends and family. Love is saying “I do” in private. Love is magic and it exists, it just does. We are all free to express it and celebrate it in the way that feels most special to us, and no one should ever question that.

Love is love. I know I feel it, I know our souls feel it. And if that’s enough to me, it should be enough to you.

EN UN AÑO APRENDÍ

“How do you measure, measure a year? In daylights, in sunsets, in midnights, in cups of coffee, in inches, in miles, in laughter, in strife? In five hundred twenty-five thousand six hundred minutes… How do you measure a year in the life?” –  Seasons of Love

Hace un año estaba intentando localizar a mis jefes, que estaban de vacaciones en lugares con poca o nada de señal, para avisarles que tenía una nueva oportunidad laboral y que había decidido tomarla. Hace un año me fui y hace poco regresé. Hace un año… Se siente tan cerca y a la vez tan lejano.

Parece poco tiempo, pero es suficiente para aprender mucho. Y tal vez, en este tiempo he aprendido más de lo que había aprendido en los últimos años.

Aprendí que estar sola es difícil, pero es necesario.

Que no es lo mismo pasar una tarde sola en una casa donde sabes que eventualmente va a llegar alguien a estar sola  en tu casa un día tras otro.

Aprendí a estar conmigo, a conocerme y a aceptarme y entendí que no puedo estar bien con las personas que me rodean si no estoy bien conmigo. No puedo pedir que me acepten por quien soy, si no lo hago yo misma.

Acepté que soy introvertida y que no puedo ser de otra manera. Que disfruto más estar en casa leyendo un libro que en una fiesta rodeada de gente. Y, aunque muchas veces he deseado ser extrovertida o ser el alma de la fiesta, simplemente esa no soy yo.

Aprendí que con el tiempo, el miedo se va desvaneciendo aunque siempre está ahí esperando a que seas vulnerable otra vez.

Aprendí que llorar no es malo, que es mi manera de decir todo lo que no he dicho. Y que ese último suspiro que das cuando dejas salir la última lagrima es el equivalente a decirte a ti misma “todo está bien, estamos bien.”

Aprendí que la música es una gran compañera que siempre tiene las palabras correctas, el ritmo, el sentimiento… Porque subir a la azotea, ponerme mis audífonos y bailar  mientras veía la puesta del sol de fondo me llenó de alegría varias veces.

Aprendí que en poco tiempo se pueden hacer buenos amigos, grandes amigos. Y que tu jefa puede ser tu amiga, sobretodo si las dos tienen una obsesión con todo lo que sea de arcoíris y unicornios.

Aprendí que el trabajo no es ni será lo más importante en mi vida. Que es importante y necesario, pero es algo pasajero y, como pocas cosas en la vida, es algo que se puede sustituir.

Aprendí el verdadero significado de extrañar. Una persona, una mirada, un abrazo, un sentimiento familiar. Y me di cuenta de lo mucho que valoro lo que dejé atrás y que en esos momentos estaba lejos, mi familia.

Aprendí que apenas estoy aprendiendo a querer a mi manera y que poco a poco voy descifrando como expresarlo a los demás de la manera más honesta, de la manera que necesitan.

Aprendí que las flores llenan tu casa de felicidad y de una energía muy bonita.

Aprendí que la vida no se debe disfrutar dos días a la semana si existen otros cinco donde se pueden hacer más cosas que sólo trabajar. Porque hay maneras muy simples de vivirla, de sentirla y disfrutarla.

Que voltear al cielo y ver las estrellas es algo muy lindo que dejé de hacer cuando crecí. Y ahora que he vuelto a hacerlo, sigo buscando a “los tres reyes magos” o una estrella fugaz que me cumpla un deseo.

Aprendí a ser feliz, con lo que tengo, con lo que siento y con lo que soy.

Aprendí que me encanta ir al super y que no volveré a criticar a mi mamá por ir pasillo por pasillo viendo que se puede encontrar porque ahora es algo que yo disfruto hacer.

Aprendí que pedir ayuda es difícil, pero no es malo porque las personas que te quieren siempre van a estar.

Aprendí a leer otra vez, a tomar un libro y dejar que me llevara a diferentes lugares, perderme en él, y por un ratito dejar atrás la realidad.

screen-shot-2016-09-18-at-7-53-47-pmAprendí que amar a distancia es difícil, pero que cuando amas eres capaz de viajar con todo y gato para estar con la otra persona.

Aprendí que juzgar y criticar a otros es muy fácil y que hay muchas cosas que no entenderemos hasta estar en los zapatos de la otra persona. Que cada quien está peleando sus batallas, sus miedos, sus fantasmas y todas esas cosas los hacen ser como son. Que la empatía es cabrona porque es difícil tenerla, pero te hace una mejor persona.

Aprendí que escribir es la mejor manera que conozco para darle forma a lo que siento y expresarlo.

Aprendí que las sorpresas me hacen llorar y que mis caras ridículas de Snapchat son un buen tema para una fiesta.

Aprendí la magia de agradecer y de todos los días empezarlos y terminarlos dando gracias por cosas, personas, experiencias, sentimientos y muchas cosas que tengo.

Aprendí que crecer es horrible e increíble a la vez.

Aprendí que por más que el tiempo pase, nunca dejas de aprender cosas que ya habías aprendido y otras nuevas que encuentras en el camino.

Ah y por qué ahora escribo en español?? Porque en Facebook memories me salió una frase que puse en ingles hace varios años y Pato, un amigo de la escuela, me dijo “sería más bonito si fuera en español”, entonces decidí intentarlo.

 

 

I’M IN LOVE TOO…

 

Yesterday, while I was at the coffee shop reading, I saw a girl and a boy who looked like a couple. I assumed that because of the way they hugged, the way they looked at each other, and the way they laughed together. It was cute, they really seemed to be in love.

I sound like a crazy stalker, I know, but I couldn’t help to think about what I felt in the past when I saw couples like them. I used to think “Oh, I wish I had that”, but yesterday was different because this time I smiled and said “I get them, I’m in love too”.

 

 

CALL IT MUSIC, CALL IT MAGIC

“It made my imagination do unexpected things; as I sat there I found myself thinking of things I hadn’t thought for years, old emotions washing over me, new thoughts and ideas being pulled from me as if my perception itself were being stretched out of shape. It was almost too much, but I didn’t want it to stop. I wanted to sit there forever”. – Me Before You

This quote, as you can see, is from the book Me Before You. This is how one of the characters describes her experience at a concert, and it’s totally accurate. I’ve always loved music, but I’ve never put into words what music is to me. So when I took some time to think about it the word that came to my mind was MAGIC. That’s it, I can’t think of anything else. It’s a magical feeling that can take me places, feel feelings that I thought I had forgotten, remember experiences and feel alive.

Music is everything. It’s putting some words to your feelings, it’s what brings people together at a concert, it’s singing in the shower, it’s inspiration, it’s thinking of someone else, it’s dancing in the car, it’s moving your foot instantly when you listen to a song wherever you are, it’s dancing with your friends, it’s turning up the volume and feeling alive, it’s getting goose bumps, it’s crying to beautiful lyrics, it’s a memory, it’s dancing to the beat even when you don’t know the lyrics, it’s happiness, it’s closing your eyes and for three or four minutes immersing yourself in a bubble forgetting everything else that surrounds you. Like I said, music is everything.

A couple of weeks ago I got the chance to talk to a woman that told me that she believed dancing to your favorite song was a way of meditating. It sounded weird at first, because when I think about meditation I think about silence or mantras or really soothing music. But what she says makes sense because when I put my headphones on and I play my favorite song I let go of everything else and I live in the moment.

Give it a try, you’ll like it I promise!

To All My Friends: Because With You, Life is Better

 

I’ve been thinking about the story of my life lately, thinking about how so many things have changed in so little time and at the same time so much has stayed the same even when there’s a lot of change going on. (Does that make any sense? Sometimes things make complete sense when I say them in my head or even when I tell them to myself out loud in the car, but when I actually write them they don’t sound as good as I thought, that’s what happened with that first sentence). Anyway…

My friends are one of those things that have stayed the same when so many other things changed. There’s engagements, weddings, babies, distance, success and even failure sometimes, but they’re still here and I’m still here thanks to them in some ways. I don’t know why we stop telling our friends what we think or how we feel about them. When I was little I remember it was easier to write letters to friends saying things like “you’re my best friend”, “I had so much fun at your party” or “thank you for being my friend”, but as a grown up I rarely do it. Life gets harder, more complicated, and even when they’re by my side through it all, I rarely express to them how I really feel.

The other day I told one of my best friends something I’ve always known, but I had never said before. I told her that she probably didn’t know it, but she was the one who introduced me to music, to new music for me at least. Of course I knew music before she came into my life, but I didn’t know about all the beautiful sounds I was missing out  on until she showed them to me. And today, Don’t Stop Me Now is one of my favorite songs because more than 10 years ago she introduced me to Queen. And that’s just an example of something a friend of mine has given to me. So today I wanted to take some time to say I love you and a big THANK YOU to all my friends.

Thank you for getting in touch with me on any day, out of the blue just to talk about what’s going on in our lives.
Thank you for tagging me on that facebook note that you think is interesting.
Thank you going to concerts with me and enjoying music together.
That you for being there no matter if there’s shit or sunshine around me.
Thank you for being starightforward with me when I’ve needed a reality check.
Thank you for the fun times and for the not so fun ones.
Thank you for your unconditional love and support.
Thank you for all the gossip, because let’s face it, we girls like to gossip.
Thank you for the advice, for the words of wisdom.
Thank you for letting me be part of your life, and thanks for wanting to be part of mine.

We may not call each other everyday, and we may see ourselves every two, three or more months, still you are one of the most important and amazing part of my life.

Love you all, you know who you are.

Picture belongs to Sania Claus Demina