Volando Alto

Porque de repente te das cuenta de que estás volando alto. 

Porque ya no eres tú. 

Porque cambiaste, aunque no sea un cambio obvio, aunque no sea algo radical. 

Porque la vida te sonríe y decides sonreír de vuelta. 

Porque estás lista para querer otra vez, lista para fluir. 

Porque estás preparada para lo que viene. 

Porque así terminas un año personal. 

Porque vas a empezar un nuevo año convencida de que será el mejor. 

Definitivamente No Quiero Crecer

Crecer es una palabra muy complicada, a veces todavía me sigo preguntando qué significa.

Se supone que a mis veintitantos debería comportarme diferente a cuando era chiquita, justamente por eso, porque ya crecí. Pero, ¿en qué momento lo hice? Y no me refiero a la estatura, ni siquiera voy a tocar ese tema porque ahí no hay nada más que hacer. Mas bien me refiero al significado de crecer que hace referencia a tener más años y, tal vez, a ser un adulto.

Siendo honesta, no estoy segura de querer crecer o de seguir haciéndolo porque en cierta forma parece que las cosas se empiezan a poner más serias o menos divertidas por lo menos. No, definitivamente no quiero crecer.

A veces creo que no quiero hacerlo porque le temo a las responsabilidades, a enfrentar la realidad con otros ojos, a conocer y entender las cosas que pasan en el mundo. Y digo entender haciendo referencia al hecho de que estoy consciente de lo que está pasando, pero hay muchas cosas que realmente no entiendo y que no me explico.

El tiempo pasa, crecemos y empezamos a ver la vida de una manera más cuadrada. Hacemos cosas que tenemos que hacer y no porque queremos hacerlas. Otra vez, responsabilidades. Pero esas responsabilidades no tienen que ser aburridas, no tienen que pesarnos, no tienen que dejar de regalarnos pequeños pedacitos de felicidad. Y es que cuando las cosas dejan de ser divertidas pierden parte de su encanto. Cuando eso pasa, empezamos a vivir la vida en automático dando prioridad a lo que tiene que pasar y no a lo que queremos que pase. Olvidamos por completo esos momentos de felicidad, olvidamos esas cosas que nos hacen sonreír, olvidamos esas cosas que nos hacen reír a carcajadas, que nos divierten, que nos relajan, que nos dan magia.

Es por eso que a veces me gustaría regresar a esos días en los que no me enteraba de los problemas de los grandes. Días en los que la tarea de mate era mi única responsabilidad.
Días en los que sucedía magia debajo de mi almohada cuando se me caía un diente. Días en los que volar con ET era algo real para mi y no solo un juego. Días en los que todavía creía en la magia.

Y en el último año he ido acordándome la magia,  esa que aparece cuando te enfrentas con algo que te llena de emoción, con algo que te hace sentir cosquillas en la barriga, con algo que te hace abrir los ojos y decir “wow”. Esa misma magia me encontró hace poco en una luciérnaga que me sorprendió cuando iba caminando por la calle. Esa misma magia me encontró hace poco cuando fui al bosque y decidí “hacerme taquito” y deslizarme en el pasto por una bajadita. Esa misma magia que, si ponemos atención, podemos encontrarla más cerca de lo que pensamos.

No, definitivamente no quiero crecer y he decidido que no tengo que hacerlo porque puedo vivir como adulto siempre y cuando siga manteniendo viva a la niña que llevo dentro.

 

 

EN UN AÑO APRENDÍ

“How do you measure, measure a year? In daylights, in sunsets, in midnights, in cups of coffee, in inches, in miles, in laughter, in strife? In five hundred twenty-five thousand six hundred minutes… How do you measure a year in the life?” –  Seasons of Love

Hace un año estaba intentando localizar a mis jefes, que estaban de vacaciones en lugares con poca o nada de señal, para avisarles que tenía una nueva oportunidad laboral y que había decidido tomarla. Hace un año me fui y hace poco regresé. Hace un año… Se siente tan cerca y a la vez tan lejano.

Parece poco tiempo, pero es suficiente para aprender mucho. Y tal vez, en este tiempo he aprendido más de lo que había aprendido en los últimos años.

Aprendí que estar sola es difícil, pero es necesario.

Que no es lo mismo pasar una tarde sola en una casa donde sabes que eventualmente va a llegar alguien a estar sola  en tu casa un día tras otro.

Aprendí a estar conmigo, a conocerme y a aceptarme y entendí que no puedo estar bien con las personas que me rodean si no estoy bien conmigo. No puedo pedir que me acepten por quien soy, si no lo hago yo misma.

Acepté que soy introvertida y que no puedo ser de otra manera. Que disfruto más estar en casa leyendo un libro que en una fiesta rodeada de gente. Y, aunque muchas veces he deseado ser extrovertida o ser el alma de la fiesta, simplemente esa no soy yo.

Aprendí que con el tiempo, el miedo se va desvaneciendo aunque siempre está ahí esperando a que seas vulnerable otra vez.

Aprendí que llorar no es malo, que es mi manera de decir todo lo que no he dicho. Y que ese último suspiro que das cuando dejas salir la última lagrima es el equivalente a decirte a ti misma “todo está bien, estamos bien.”

Aprendí que la música es una gran compañera que siempre tiene las palabras correctas, el ritmo, el sentimiento… Porque subir a la azotea, ponerme mis audífonos y bailar  mientras veía la puesta del sol de fondo me llenó de alegría varias veces.

Aprendí que en poco tiempo se pueden hacer buenos amigos, grandes amigos. Y que tu jefa puede ser tu amiga, sobretodo si las dos tienen una obsesión con todo lo que sea de arcoíris y unicornios.

Aprendí que el trabajo no es ni será lo más importante en mi vida. Que es importante y necesario, pero es algo pasajero y, como pocas cosas en la vida, es algo que se puede sustituir.

Aprendí el verdadero significado de extrañar. Una persona, una mirada, un abrazo, un sentimiento familiar. Y me di cuenta de lo mucho que valoro lo que dejé atrás y que en esos momentos estaba lejos, mi familia.

Aprendí que apenas estoy aprendiendo a querer a mi manera y que poco a poco voy descifrando como expresarlo a los demás de la manera más honesta, de la manera que necesitan.

Aprendí que las flores llenan tu casa de felicidad y de una energía muy bonita.

Aprendí que la vida no se debe disfrutar dos días a la semana si existen otros cinco donde se pueden hacer más cosas que sólo trabajar. Porque hay maneras muy simples de vivirla, de sentirla y disfrutarla.

Que voltear al cielo y ver las estrellas es algo muy lindo que dejé de hacer cuando crecí. Y ahora que he vuelto a hacerlo, sigo buscando a “los tres reyes magos” o una estrella fugaz que me cumpla un deseo.

Aprendí a ser feliz, con lo que tengo, con lo que siento y con lo que soy.

Aprendí que me encanta ir al super y que no volveré a criticar a mi mamá por ir pasillo por pasillo viendo que se puede encontrar porque ahora es algo que yo disfruto hacer.

Aprendí que pedir ayuda es difícil, pero no es malo porque las personas que te quieren siempre van a estar.

Aprendí a leer otra vez, a tomar un libro y dejar que me llevara a diferentes lugares, perderme en él, y por un ratito dejar atrás la realidad.

screen-shot-2016-09-18-at-7-53-47-pmAprendí que amar a distancia es difícil, pero que cuando amas eres capaz de viajar con todo y gato para estar con la otra persona.

Aprendí que juzgar y criticar a otros es muy fácil y que hay muchas cosas que no entenderemos hasta estar en los zapatos de la otra persona. Que cada quien está peleando sus batallas, sus miedos, sus fantasmas y todas esas cosas los hacen ser como son. Que la empatía es cabrona porque es difícil tenerla, pero te hace una mejor persona.

Aprendí que escribir es la mejor manera que conozco para darle forma a lo que siento y expresarlo.

Aprendí que las sorpresas me hacen llorar y que mis caras ridículas de Snapchat son un buen tema para una fiesta.

Aprendí la magia de agradecer y de todos los días empezarlos y terminarlos dando gracias por cosas, personas, experiencias, sentimientos y muchas cosas que tengo.

Aprendí que crecer es horrible e increíble a la vez.

Aprendí que por más que el tiempo pase, nunca dejas de aprender cosas que ya habías aprendido y otras nuevas que encuentras en el camino.

Ah y por qué ahora escribo en español?? Porque en Facebook memories me salió una frase que puse en ingles hace varios años y Pato, un amigo de la escuela, me dijo “sería más bonito si fuera en español”, entonces decidí intentarlo.