Te Mereces

Te mereces a alguien que te cuide.

Te mereces a alguien que te mire con locura.

Te mereces a alguien que te robe un suspiro cuando menos te lo esperas.

Te mereces a alguien que te piense tanto como tú lo piensas.

Te mereces a alguien que se arriesgue contigo.

Te mereces a alguien que camine contigo, que camine a tu lado.

Te mereces a alguien que te sorprenda.

Te mereces a alguien que te regale momentos.

Te mereces a alguien que te lleve a volar a alto.

Te mereces a alguien que te mire cuando no te das cuenta.

Te mereces a alguien que te eche porras todos los días.

Te mereces a alguien que viva tu locura.

Te mereces a alguien que te de mariposas en la panza.

Te mereces a alguien que baile contigo en medio de la sala.

Te mereces a alguien que no se asuste de tus fantasmas.

Te mereces a alguien que te ayude a superar tus miedos.

Te mereces a alguien que con un abrazo te haga sentir magia.

Te mereces a alguien que con un beso te diga todo y más.

Te mereces a alguien que te lleve a la locura.

Te mereces a alguien que te haga sonreír.

Te mereces a alguien que te quiera, con todo, sin miedo porque sabe que contigo vale la pena.

Volando Alto

Porque de repente te das cuenta de que estás volando alto. 

Porque ya no eres tú. 

Porque cambiaste, aunque no sea un cambio obvio, aunque no sea algo radical. 

Porque la vida te sonríe y decides sonreír de vuelta. 

Porque estás lista para querer otra vez, lista para fluir. 

Porque estás preparada para lo que viene. 

Porque así terminas un año personal. 

Porque vas a empezar un nuevo año convencida de que será el mejor. 

Hasta el Final

Y cuando menos te lo esperas, pasa. Eso que siempre supiste que podía pasar, pero que nunca pensaste que te pasaría a ti, a ustedes. Y es que cuando te enamoras al punto de sentir magia, cuando vuelas tan alto, cuando tienes conversaciones hasta en el silencio, cuando sientes el high más high durante tanto tiempo, no crees que vas a sentir el low más low.

No es un sentimiento lindo, todo el que lo ha vivido lo sabe. No es algo que quieres gritar a los cuatro vientos, pero que tampoco puedes guardar porque la tristeza llega sola, llega a ratos, llega sin avisar y te das cuenta que está ahí cuando de repente sientes esa gota en tu mejilla. Cuando eso pasa, no hay como escapar de ella, no hay como esconderla y entonces te rindes, la sientes, la vives, la dejas pasar, la dejas fluir porque es todo lo que puedes hacer. Es lo único que puedes hacer.

En ese momento es cuando el mundo te ve y te hace la pregunta que no quieres escuchar, la que no puedes responder porque lo que pasó no tiene explicación más que decir que llegó el momento en que un camino se convirtió en dos. ¿Por qué? Porque así es la vida, porque así tenía que ser. No hay más. No hay chisme, no hay drama, no hay un cuento que contar que alimente la urgencia que tienen unos de escucharlo y de sacarlo de contexto.

Y es así como se termina la historia, esa en la que sólo ustedes participaron. Esa en la que sólo ustedes conocieron el mundo que crearon y que decidieron guardar en una cajita en el fondo del corazón. Esa en la que sólo ustedes rieron, vivieron, jugaron, crecieron, soñaron, volaron, amaron y amaron chingón. Esa en la que quedarán guardados los planes vividos y los sueños inconclusos. Esa a la que sólo ustedes supieron como darle vida y como terminarla. Esa en la que se quisieron hasta el final. Si, hasta el final.

Para Encontrarme

A veces me preguntan que por qué escribo, que de dónde saco inspiración, que en qué pienso, pero no tengo una respuesta clara.

Escribo lo que siento, lo que tengo en la mente, lo que tiene que salir porque no quiero que se quede flotando en mi cabeza. Escribo de la vida, de lo que me mueve y de lo que me rodea. Escribo porque a veces creo que no se hacer otra cosa con tanto corazón.

No se necesita ser poeta o escritor. Todos tenemos cosas que no podemos explicar, que sentimos y que no tienen nombre, que sentimos y que no queremos ponerles nombre. Todos tenemos eso que llamamos inspiración, esa vida, esa historia que contar. No es algo con lo que sólo unos cuantos nacen, es algo que todos tenemos pero nadie nos enseña a usar.

Porque se trata de ser honesto con uno mismo.

Porque se trata de dejar salir lo bueno y lo malo.

Porque se trata de quitar las capas, de desempolvarnos y conectar con lo que somos, con lo que a veces no reconocemos.

Porque tenemos que atrevernos a enseñarle al mundo quienes somos, lo que vivimos y lo que sentimos.

Porque se trata de gritar nuestra felicidad.

Porque también se vale contar lo que nos duele.

Porque se trata de dejar las palabras fluir.

Porque se trata de sentir.

Porque a veces simplemente necesitas algo que te saque de la rutina, que te regrese a tus raíces, que te de paz.

Y cuando estoy ahí es cuando me doy cuenta que por eso escribo, para encontrarme.

Quiérela

Quiérela por la persona que es y no por quien quieres que sea.

Quiérela por lo que piensa.

Quiérela porque duerme con una almohada entre las piernas.

Quiérela porque no tiene miedo de decir lo que siente.

Quiérela por su sonrisa.

Quiérela porque no le gusta la misma música que a ti.

Quiérela por lo que te provoca.

Quiérela porque es auténtica.

Quiérela por los gestos que hace al hablar.

Quiérela porque canta en la regadera.

Quiérela por la manera en la que juega con su pelo cuando está nerviosa.

Quiérela por su curiosidad.

Quiérela porque llora fácilmente.

Quiérela porque con un gesto te dice lo que siente.

Quiérela porque es libre.

Quiérela porque te hace sentir que todo es posible.

Quiérela porque baila sin razón.

Quiérela porque cuando te mira, te pierdes.

Quiérela por lo que dice.

Quiérela porque le gusta la poesía.

Quiérela porque aunque tenga miedo, se atreve a hacer las cosas.

Quiérela por lo que te transmite.

Quiérela porque no deja de sorprenderte.

Quiérela porque es sensible.

Quiérela cuando te enojes.

Quiérela porque cuando piensas en ella sonríes como un tonto.

Quiérela porque ve caricaturas.

Quiérela porque no extrañarla es imposible.

Quiérela porque le gusta soñar.

Quiérela porque no imaginas tu vida sin ella.

Quiérela porque es ella.

Quiérela porque es tu alma gemela.

 

EN UN AÑO APRENDÍ

“How do you measure, measure a year? In daylights, in sunsets, in midnights, in cups of coffee, in inches, in miles, in laughter, in strife? In five hundred twenty-five thousand six hundred minutes… How do you measure a year in the life?” –  Seasons of Love

Hace un año estaba intentando localizar a mis jefes, que estaban de vacaciones en lugares con poca o nada de señal, para avisarles que tenía una nueva oportunidad laboral y que había decidido tomarla. Hace un año me fui y hace poco regresé. Hace un año… Se siente tan cerca y a la vez tan lejano.

Parece poco tiempo, pero es suficiente para aprender mucho. Y tal vez, en este tiempo he aprendido más de lo que había aprendido en los últimos años.

Aprendí que estar sola es difícil, pero es necesario.

Que no es lo mismo pasar una tarde sola en una casa donde sabes que eventualmente va a llegar alguien a estar sola  en tu casa un día tras otro.

Aprendí a estar conmigo, a conocerme y a aceptarme y entendí que no puedo estar bien con las personas que me rodean si no estoy bien conmigo. No puedo pedir que me acepten por quien soy, si no lo hago yo misma.

Acepté que soy introvertida y que no puedo ser de otra manera. Que disfruto más estar en casa leyendo un libro que en una fiesta rodeada de gente. Y, aunque muchas veces he deseado ser extrovertida o ser el alma de la fiesta, simplemente esa no soy yo.

Aprendí que con el tiempo, el miedo se va desvaneciendo aunque siempre está ahí esperando a que seas vulnerable otra vez.

Aprendí que llorar no es malo, que es mi manera de decir todo lo que no he dicho. Y que ese último suspiro que das cuando dejas salir la última lagrima es el equivalente a decirte a ti misma “todo está bien, estamos bien.”

Aprendí que la música es una gran compañera que siempre tiene las palabras correctas, el ritmo, el sentimiento… Porque subir a la azotea, ponerme mis audífonos y bailar  mientras veía la puesta del sol de fondo me llenó de alegría varias veces.

Aprendí que en poco tiempo se pueden hacer buenos amigos, grandes amigos. Y que tu jefa puede ser tu amiga, sobretodo si las dos tienen una obsesión con todo lo que sea de arcoíris y unicornios.

Aprendí que el trabajo no es ni será lo más importante en mi vida. Que es importante y necesario, pero es algo pasajero y, como pocas cosas en la vida, es algo que se puede sustituir.

Aprendí el verdadero significado de extrañar. Una persona, una mirada, un abrazo, un sentimiento familiar. Y me di cuenta de lo mucho que valoro lo que dejé atrás y que en esos momentos estaba lejos, mi familia.

Aprendí que apenas estoy aprendiendo a querer a mi manera y que poco a poco voy descifrando como expresarlo a los demás de la manera más honesta, de la manera que necesitan.

Aprendí que las flores llenan tu casa de felicidad y de una energía muy bonita.

Aprendí que la vida no se debe disfrutar dos días a la semana si existen otros cinco donde se pueden hacer más cosas que sólo trabajar. Porque hay maneras muy simples de vivirla, de sentirla y disfrutarla.

Que voltear al cielo y ver las estrellas es algo muy lindo que dejé de hacer cuando crecí. Y ahora que he vuelto a hacerlo, sigo buscando a “los tres reyes magos” o una estrella fugaz que me cumpla un deseo.

Aprendí a ser feliz, con lo que tengo, con lo que siento y con lo que soy.

Aprendí que me encanta ir al super y que no volveré a criticar a mi mamá por ir pasillo por pasillo viendo que se puede encontrar porque ahora es algo que yo disfruto hacer.

Aprendí que pedir ayuda es difícil, pero no es malo porque las personas que te quieren siempre van a estar.

Aprendí a leer otra vez, a tomar un libro y dejar que me llevara a diferentes lugares, perderme en él, y por un ratito dejar atrás la realidad.

screen-shot-2016-09-18-at-7-53-47-pmAprendí que amar a distancia es difícil, pero que cuando amas eres capaz de viajar con todo y gato para estar con la otra persona.

Aprendí que juzgar y criticar a otros es muy fácil y que hay muchas cosas que no entenderemos hasta estar en los zapatos de la otra persona. Que cada quien está peleando sus batallas, sus miedos, sus fantasmas y todas esas cosas los hacen ser como son. Que la empatía es cabrona porque es difícil tenerla, pero te hace una mejor persona.

Aprendí que escribir es la mejor manera que conozco para darle forma a lo que siento y expresarlo.

Aprendí que las sorpresas me hacen llorar y que mis caras ridículas de Snapchat son un buen tema para una fiesta.

Aprendí la magia de agradecer y de todos los días empezarlos y terminarlos dando gracias por cosas, personas, experiencias, sentimientos y muchas cosas que tengo.

Aprendí que crecer es horrible e increíble a la vez.

Aprendí que por más que el tiempo pase, nunca dejas de aprender cosas que ya habías aprendido y otras nuevas que encuentras en el camino.

Ah y por qué ahora escribo en español?? Porque en Facebook memories me salió una frase que puse en ingles hace varios años y Pato, un amigo de la escuela, me dijo “sería más bonito si fuera en español”, entonces decidí intentarlo.