Volando Alto

Porque de repente te das cuenta de que estás volando alto. 

Porque ya no eres tú. 

Porque cambiaste, aunque no sea un cambio obvio, aunque no sea algo radical. 

Porque la vida te sonríe y decides sonreír de vuelta. 

Porque estás lista para querer otra vez, lista para fluir. 

Porque estás preparada para lo que viene. 

Porque así terminas un año personal. 

Porque vas a empezar un nuevo año convencida de que será el mejor. 

Hasta el Final

Y cuando menos te lo esperas, pasa. Eso que siempre supiste que podía pasar, pero que nunca pensaste que te pasaría a ti, a ustedes. Y es que cuando te enamoras al punto de sentir magia, cuando vuelas tan alto, cuando tienes conversaciones hasta en el silencio, cuando sientes el high más high durante tanto tiempo, no crees que vas a sentir el low más low.

No es un sentimiento lindo, todo el que lo ha vivido lo sabe. No es algo que quieres gritar a los cuatro vientos, pero que tampoco puedes guardar porque la tristeza llega sola, llega a ratos, llega sin avisar y te das cuenta que está ahí cuando de repente sientes esa gota en tu mejilla. Cuando eso pasa, no hay como escapar de ella, no hay como esconderla y entonces te rindes, la sientes, la vives, la dejas pasar, la dejas fluir porque es todo lo que puedes hacer. Es lo único que puedes hacer.

En ese momento es cuando el mundo te ve y te hace la pregunta que no quieres escuchar, la que no puedes responder porque lo que pasó no tiene explicación más que decir que llegó el momento en que un camino se convirtió en dos. ¿Por qué? Porque así es la vida, porque así tenía que ser. No hay más. No hay chisme, no hay drama, no hay un cuento que contar que alimente la urgencia que tienen unos de escucharlo y de sacarlo de contexto.

Y es así como se termina la historia, esa en la que sólo ustedes participaron. Esa en la que sólo ustedes conocieron el mundo que crearon y que decidieron guardar en una cajita en el fondo del corazón. Esa en la que sólo ustedes rieron, vivieron, jugaron, crecieron, soñaron, volaron, amaron y amaron chingón. Esa en la que quedarán guardados los planes vividos y los sueños inconclusos. Esa a la que sólo ustedes supieron como darle vida y como terminarla. Esa en la que se quisieron hasta el final. Si, hasta el final.

Para Encontrarme

A veces me preguntan que por qué escribo, que de dónde saco inspiración, que en qué pienso, pero no tengo una respuesta clara.

Escribo lo que siento, lo que tengo en la mente, lo que tiene que salir porque no quiero que se quede flotando en mi cabeza. Escribo de la vida, de lo que me mueve y de lo que me rodea. Escribo porque a veces creo que no se hacer otra cosa con tanto corazón.

No se necesita ser poeta o escritor. Todos tenemos cosas que no podemos explicar, que sentimos y que no tienen nombre, que sentimos y que no queremos ponerles nombre. Todos tenemos eso que llamamos inspiración, esa vida, esa historia que contar. No es algo con lo que sólo unos cuantos nacen, es algo que todos tenemos pero nadie nos enseña a usar.

Porque se trata de ser honesto con uno mismo.

Porque se trata de dejar salir lo bueno y lo malo.

Porque se trata de quitar las capas, de desempolvarnos y conectar con lo que somos, con lo que a veces no reconocemos.

Porque tenemos que atrevernos a enseñarle al mundo quienes somos, lo que vivimos y lo que sentimos.

Porque se trata de gritar nuestra felicidad.

Porque también se vale contar lo que nos duele.

Porque se trata de dejar las palabras fluir.

Porque se trata de sentir.

Porque a veces simplemente necesitas algo que te saque de la rutina, que te regrese a tus raíces, que te de paz.

Y cuando estoy ahí es cuando me doy cuenta que por eso escribo, para encontrarme.

Quiérela

Quiérela por la persona que es y no por quien quieres que sea.

Quiérela por lo que piensa.

Quiérela porque duerme con una almohada entre las piernas.

Quiérela porque no tiene miedo de decir lo que siente.

Quiérela por su sonrisa.

Quiérela porque no le gusta la misma música que a ti.

Quiérela por lo que te provoca.

Quiérela porque es auténtica.

Quiérela por los gestos que hace al hablar.

Quiérela porque canta en la regadera.

Quiérela por la manera en la que juega con su pelo cuando está nerviosa.

Quiérela por su curiosidad.

Quiérela porque llora fácilmente.

Quiérela porque con un gesto te dice lo que siente.

Quiérela porque es libre.

Quiérela porque te hace sentir que todo es posible.

Quiérela porque baila sin razón.

Quiérela porque cuando te mira, te pierdes.

Quiérela por lo que dice.

Quiérela porque le gusta la poesía.

Quiérela porque aunque tenga miedo, se atreve a hacer las cosas.

Quiérela por lo que te transmite.

Quiérela porque no deja de sorprenderte.

Quiérela porque es sensible.

Quiérela cuando te enojes.

Quiérela porque cuando piensas en ella sonríes como un tonto.

Quiérela porque ve caricaturas.

Quiérela porque no extrañarla es imposible.

Quiérela porque le gusta soñar.

Quiérela porque no imaginas tu vida sin ella.

Quiérela porque es ella.

Quiérela porque es tu alma gemela.

 

Definitivamente No Quiero Crecer

Crecer es una palabra muy complicada, a veces todavía me sigo preguntando qué significa.

Se supone que a mis veintitantos debería comportarme diferente a cuando era chiquita, justamente por eso, porque ya crecí. Pero, ¿en qué momento lo hice? Y no me refiero a la estatura, ni siquiera voy a tocar ese tema porque ahí no hay nada más que hacer. Mas bien me refiero al significado de crecer que hace referencia a tener más años y, tal vez, a ser un adulto.

Siendo honesta, no estoy segura de querer crecer o de seguir haciéndolo porque en cierta forma parece que las cosas se empiezan a poner más serias o menos divertidas por lo menos. No, definitivamente no quiero crecer.

A veces creo que no quiero hacerlo porque le temo a las responsabilidades, a enfrentar la realidad con otros ojos, a conocer y entender las cosas que pasan en el mundo. Y digo entender haciendo referencia al hecho de que estoy consciente de lo que está pasando, pero hay muchas cosas que realmente no entiendo y que no me explico.

El tiempo pasa, crecemos y empezamos a ver la vida de una manera más cuadrada. Hacemos cosas que tenemos que hacer y no porque queremos hacerlas. Otra vez, responsabilidades. Pero esas responsabilidades no tienen que ser aburridas, no tienen que pesarnos, no tienen que dejar de regalarnos pequeños pedacitos de felicidad. Y es que cuando las cosas dejan de ser divertidas pierden parte de su encanto. Cuando eso pasa, empezamos a vivir la vida en automático dando prioridad a lo que tiene que pasar y no a lo que queremos que pase. Olvidamos por completo esos momentos de felicidad, olvidamos esas cosas que nos hacen sonreír, olvidamos esas cosas que nos hacen reír a carcajadas, que nos divierten, que nos relajan, que nos dan magia.

Es por eso que a veces me gustaría regresar a esos días en los que no me enteraba de los problemas de los grandes. Días en los que la tarea de mate era mi única responsabilidad.
Días en los que sucedía magia debajo de mi almohada cuando se me caía un diente. Días en los que volar con ET era algo real para mi y no solo un juego. Días en los que todavía creía en la magia.

Y en el último año he ido acordándome la magia,  esa que aparece cuando te enfrentas con algo que te llena de emoción, con algo que te hace sentir cosquillas en la barriga, con algo que te hace abrir los ojos y decir “wow”. Esa misma magia me encontró hace poco en una luciérnaga que me sorprendió cuando iba caminando por la calle. Esa misma magia me encontró hace poco cuando fui al bosque y decidí “hacerme taquito” y deslizarme en el pasto por una bajadita. Esa misma magia que, si ponemos atención, podemos encontrarla más cerca de lo que pensamos.

No, definitivamente no quiero crecer y he decidido que no tengo que hacerlo porque puedo vivir como adulto siempre y cuando siga manteniendo viva a la niña que llevo dentro.

 

 

2016

Te fuiste más rápido que cualquier otro, pero te disfruté más que a los demás. Me llenaste de nuevas oportunidades, de compañía, de enseñanzas, de risas, de soledad, de experiencias, de momentos. Muchos momentos.

Fuiste un año que lo tuvo todo y no por arte de magia, sino porque lo busqué, porque me arriesgué, porque me atreví a sentir el miedo y disfrutarlo en vez de evitarlo.

Fuiste el año que me llevó al lugar donde pertenezco y que no había valorado.

Fuiste el año que me regaló el mejor cumpleaños.

Fuiste el año que me regaló abrazos de primos que no veía hace muchos años.

Fuiste el año que me hizo sonreír y reírme a carcajadas.

Fuiste el año que me permitió tomarme el tiempo para ubicarme y encontrar cosas que estaba buscando.

Fuiste el año que me regaló poesía.

Fuiste el año que me llevó a conocer Tulum y a nadar en un Cenote.

Fuiste el año que regresó mi mente a lo que realmente importa.

Fuiste el año que me llevó a descubrir mi creatividad.

Fuiste el año que me dio más lagrimas de tristeza y de felicidad.

Fuiste el año que puso en mi camino gente nueva, que me inspira y que jamás pensé encontrar.

Fuiste el año que me regaló una noche con toda mi familia reunida en un mismo lugar.

Fuiste el año que me hizo sentir el verdadero significado de miedo, desesperación, de buscar sin encontrar.

Fuiste el año que me regresó lo perdido, que me regresó la esperanza.

Fuiste el año que me llevó al trabajo que estaba buscando.

Fuiste el año que me enseñó más cosas de la vida y que me hicieron cambiar.

Fuiste el año que me enseñó mucha música nueva.

Fuiste el año que me regaló amor, amor y más amor.

Fuiste el año que me regaló la luna más grande, que me hizo bajar del coche y sólo verla sin pensar en algo más.

Fuiste el año que me hizo creer en la magia.

Fuiste el año que me hizo valorar a mis abuelos.

Fuiste el año que me recordó que todavía hay muchas personas buenas en el mundo.

Fuiste el año que se llevó a muchos, pero que también dio la bienvenida a otros.

Fuiste el año que me recordó la importancia de dar gracias y la magia de agradecer.

Fuiste el año que me llevó a soñar y ya nunca voy a dejar de soñar.

Gracias por tanto.