CAMINO

Caminos hay muchos, infinitos diría yo. Tomas la ruta de la derecha o a la izquierda o sigues derecho. Vas hacia adelante o te regresas y sigues por donde venías. Tomas un camino nuevo o sigues sobre el que siempre has andado. Caminos caminos y más caminos.

Hay quienes piensan que  la vida es un camino que está enfrente de nosotros y que sólo debemos seguirlo para encontrar lo que vinimos a hacer aquí.  Pero, ¿qué pasa cuando se te va el camino? ¿Qué pasa cuando sientes que te equivocaste y te pasaste la vuelta? ¿Qué pasa cuando, lejos de hacerse más fácil, el camino se empieza a poner más complicado? ¿Qué pasa cuando parece un laberinto más que un camino?

En ese caso, y como siempre, tienes la opción de sentarte a llorar, de quedarte quieta esperando a que se aparezca una luz mágica que te diga por donde debes seguir caminando. O, puedes levantarte y seguir mientras armas tu propio camino. Ambas opciones están ahí y cuesta el mismo trabajo escoger una o escoger la otra, así de sencillo.

Yo personalmente si creo que hay algo particular que vine a hacer a esta vida. Si creo que hay un camino, pero es un camino que depende de mi, de lo que voy armando, de lo que voy agregando, de quien me acompaña y de a quien decido acompañar. Que sólo necesito tener ganas de seguir caminando para que el camino se haga un poquito más brillante, que si lo quiero ver gris va a ser gris, pero si lo quiero pintar de colores también lo puedo hacer.

No soy la persona con más experiencia, ni con más años, pero he tomado varios caminos. Unos con unos cuantos puentes que me gustaría quemar y otros que me gustaría haber seguido andando, pero que entendí que no me tocaba hacerlo.

Caminos que me hicieron llorar, que se quedaron con un poquito de mi fe y de mi corazón, que me hicieron dudar de todo, de todos y hasta de mi misma. Caminos que me han divertido como nunca, que me han regresado la fe, que le han regresado la sonrisa a mi corazón y que me han enseñado a sonreír desde adentro, que me han dado ganas de seguir, que me han devuelto las ganas de confiar sin pensar en consecuencias. Caminos que me han presentado a las mejores personas, que se han llevado a algunas, pero que siempre traen a otras mejores. Caminos que han sacado lo peor de mi para encontrar lo mejor de mi.

Todavía no se que vine a hacer aquí, tengo pequeñas sospechas, pero nada claro y aún así confío en el camino. Porque si hay un camino, uno que no está armado, que no es cuadrado y específico, sino que yo lo voy armando. Y al armarlo voy avanzando, voy equivocándome, voy creciendo, voy soltando, voy aprendiendo, voy llorando, voy amando y voy sonriendo.

Porque lo único que tengo claro es que el camino no es infinito y que cualquier momento se acaba con o sin previo aviso. No por eso les voy a decir que vivo cada día como si fuera el último, pero les prometo que intento hacer al menos una cosa que me eleve y que me haga brillar lo suficiente para seguir iluminando mi camino.

Si lees esto y sientes que se te ha acabado el camino o que se te está cerrando, siéntate un rato y descansa. Llora si crees que eso es lo que tienes que hacer, reza, piensa, grita, ríndete un momento, pero no para siempre. Siéntate y agarra fuerzas para volver a levantarte porque te prometo que, aunque ahorita no lo veas, el camino se va a poner mejor.

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s